Cómo hacer huevos de chocolate (de galleta)

Ya llevo 10 años viviendo en Málaga (según mis cuentas menos) pero el calendario tiene muy mal carácter. Este invierno por primera vez se me han escariado las manos y los labios, sí, sí, sí hace frío, y eso ha terminado de empujarme en brazos del chocolate. Tengo que decir que nunca hemos estado muy lejos porque yo como cantidades ingentes de chocolate, del de verdad, del que lleva una alta proporción de cacao en su composición.  Para saber si a alguien le gusta el chocolate solo hay que preguntarle qué chocolate le gusta más, sólo hay respuesta posible, el negro.  Quien diga “me encanta el chocolate con leche” tiene el mismo valor que si os dijera que le gusta la nocilla: ninguno.

Lo primero que intenté para decorar estas galletas fue rellenar una manga pastelera, ponerle una boquilla del 2, hacer el contorno y después rellenarlo, fue un desastre y afortunadamente todos los documentos gráficos que lo demuestran han sido destruidos.

Así que decidí tirar la toalla, pero me apetecía tanto hacer huevos de chocolate cubiertos de chocolate, que a la media hora la recogí. Y encontré este vídeo:

Y no haría falta ninguna explicación más, pero como soy de hablar, os voy a dar algunas:

· Lo más importante para trabajar con el chocolate es la temperatura, si cortas el huevo demasiado pronto se queda pegado al tapete y se deforma. Si lo intentas demasiado tarde se quiebra. Así que hay que fracasar 4 ó 5 veces hasta que coges el punto exacto para cortarlo.

· No usé papel de horno, lo sustituí por un tapete de silicona y el resultado fue mucho mejor. El chocolate queda perfectamente liso y brillante (por favor no lo toques porque el contacto con tu dedo a 37 ºC lo vuelve mate y eso ya no hay quien lo arregle).

· Como no tenía guías usé dos reglas que lavé perfectamente, y además deseché el chocolate que entró en contacto con ellas, porque no son de uso alimentario, pero tienen la altura perfecta.

· Para mecer, digo extender, el chocolate use un cuchillo por el lado que no corta.

. Si mueves demasiado el chocolate se enfría y pierde fluidez y te queda un churro como éste:

· Para pegar el chocolate a la galleta usé chocolate derretido que  extendí sobre la galleta con un pincel y a continuación coloqué los recortes de chocolate y les di la vuelta sobre el tapete de silicona.

Así de fácil. Y os puedo asegurar que con que el chocolate de cobertura que utilicéiss sea un poquito bueno resultan deliciosas.

Un beso, Miriam G.

Tengo el corazón derretido, literalmente.

Al ver esta foto lo lógico es pensar: ¡Uhm chocolate calentito! Pues no, el mini cupcake no acaba de salir del horno. Está a temperatura ambiente, y eso que estos días en mi casa hace más bien frio. ¡Dios mío!, ¿por qué el constructor malagueño no instala nunca calefacción?

Y os preguntareis en qué consiste el truco. Pues en poner leche condensada para que al fundirse el chocolate se mezcle con ella.

¿Leche condensada?  Leche condensada desnatada, que fue lo que encontré cuando abrí la nevera, la utilizo como pegamento para la pasta de azúcar.

¿Os acordáis de las falsas galletas coulant? Pues quería hacer falsos mini cupcakes coulant para San Valentín. El truco del coulant auténtico es que se sirve caliente,  recién hecho. Si se enfría ya no es coulant.  Me puse a buscar recetas por la red, pero en todas se repetía lo de poner un trocito de chocolate dentro, pero es un hecho cierto que cuando se enfría el chocolate vuelve a su estado natural, es decir, la solidez, y yo lo quería derretido para siempre. La primera idea fue “ponle un pegote de Nocilla, Miriam…” Pero es que yo no soy “nocillera”, ni “nutellera” ni nada que se le parezca,  a mí me gusta el chocolate  y, si puedo elegir, no bebo cava,  prefiero y bebo champán francés, ja, ja, ja.

Tenía además un chocolate Valrhoma buenísimo, esperando a que encontrase la receta adecuada para él. Entonces se me ocurrió: ¡tengo que disolver el chocolate en un líquido! Abrí la nevera y lo primero y, para qué engañarnos, lo único que encontré fue leche condensada.

Así que preparad la masa de vuestra receta preferida de cupcakes de chocolate, la mía es ésta. Esta vez sólo la modifiqué un poquito, cambié el azúcar por azúcar moreno, por aligerarle un poco el dulzor, para que luego la leche condensada lo equilibrase.  Y no le eché aroma de avellanas, sino doble ración de vainilla.

Se rellenan las capsulitas un poco más de mitad, se pone la leche condensada con alegría, sin timideces, y encima el chocolate (con el chocolate uno siempre tiene que ser generoso), después se cubre lo justo y al horno 8 ó 9 minutos. Y os aseguro que son los auténticos mini cupcakes voladores, casi no consigo que el padre de las criaturas los probara.

Las capsulitas son de Wilton, pero los toppers los hicimos nosotras, entre las tres. El otro día les compré a cada una unas tijeritas de ondas, y llevamos entretenidas un montón de tarde con todo tipo de trabajos manuales. 1,65 cada tijera, anda que si lo llegan a saber los Reyes Magos…

¡Feliz San Valentín a todo el mundo!

Un beso, Miriam G.

Bizcocho de matalahúga (o de como yo también tengo abuela, ea)

Por culpa de Susana de  La casita dulce de las flores nos hemos vuelto adictas a las especias de Nomu. El otro día estuvimos allí para hacer acopio de unos cuantos botes más y nos dio una muestra del Sweet Rub, que es dulce:

Tiene una mezcla de canela, azúcar, clavo y nuez moscada y en la etiqueta decía que se puede espolvorear por encima de bizcochos.  Pero ¿en cuál? mmmmm, bizcocho, canela, azúcar, ¡mi abuela! ¡el bizcocho de matalahúga de mi abuela!  Por fin ha llegado mi oportunidad de sacar pecho yo también y decir que tengo una abuela que hace unos dulces deliciosos.

Aquí van los ingredientes

1/2 taza y 1/4 de aceite de oliva virgen extra

1 taza de leche

1/2 taza y 1/4  de azúcar en grano

1 taza y 1/2 de harina de repostería

1 tsp matalahúga o anís en grano

1 sobre levadura royal

1 tsp canela molida

Y no, no lleva huevo.

Y la preparación (muy fácil):

Se mezcla todo y se pone en un molde de unos 20 cms de diámetro previamente untado con aceite de oliva.  Se espolvorea o no con la mezcla de Sweet Rub y se mete en el horno a 180º durante 40 minutos. Y en esos cuarenta minutos vereis cómo se expande por toda la casa un delicioso aroma a dulces de los de antes, ¡mmmm, ahhhhh! serán los sonidos que se oirán en vuestras casas mientras la mezcla anterior se convierte lentamente en un bizcocho.

Por cierto, es un bizcocho muy jugoso, con el paso de los días no se reseca absolutamente nada.

Un beso,

Estíbaliz

Como filtrar la glasa con cierta facilidad.

¡Mentira!  La glasa no se filtra con facilidad, siempre es un engorro. Pero en ocasiones hay que hacerlo. ¿Cuándo? Cuando las boquillas se atascan.
La semana pasada, The Bearfoot Baker publicó una entrada explicando como filtrar glasa con una media.

Nosotras no lo hacemos así. Preferimos usar un filtro de café:

Vamos paso a paso:

1.    Adquirimos un filtro de café, vemos que la tela es demasiado gorda, adquirimos otro, la tela sigue siendo demasiado gorda adquirimos el tercero. La tela es finita, perfecto.
2.    Recortamos la tela.
3.    Preparamos la glasa para introducirla en la manga pastelera como explicamos aquí.
4.    Vamos a usar el filtro en el lugar que debería ir la boquilla, esto es, entre las dos partes del adaptador.
5-6. Una vez que tenemos el filtro colocado, apretamos apretamos y apretamos sobre un recipiente en el que va cayendo la glasa filtrada.

Parece sencillo ¿verdad? No lo es. Un par de apuntes:

1) No se puede ser ambicioso, hay que filtrarla poco a poco, si llenamos mucho la manga y apretamos fuerte terminaremos con glasa hasta en el pelo.

2) Cuando el filtro se ensucia cada poco hay que abrir y cambiar la tela de posición.

¡Suerte!

Un beso, Miriam G.

¿Quién exterminó a los osos panda?

Respuesta: Inés, 2 años. Ella y su hermano, que actuó como cómplice.

Hace unos días se me antojó hacer unos ositos panda con corazones. Como no tengo Kopykake ni pulso, tuve que apañarme haciéndolos con transfers. A mí me pasa como a Miriam, tengo 4 “trabajos”, por las mañanas el que me sirve para pagar la hipoteca, por las tardes, noches, sábados y festivos, madre y ama de casa. El resto del tiempo, si queda algo, hago galletas y claro, tardo mucho en decorarlas: hoy echo el perfil de los ositos, mañana los relleno, al otro los corazones y al otro los pego en las galletas. Inconveniente: están mucho tiempo a la vista y al alcance de los niños, al revés que los medicamentos. En una de las veces que dejé mi bandeja de transfers secándose plácidamente llegó sigilosamente la exterminadora de osos panda y les dio fin. Toda una tragedia. Así quedaron los pobres:

Y encima, la culpable no tuvo ningún problema en reconocerlo:

Bueno, a hacerlos de nuevo. Esta vez me los meteré en… quiero decir, los pondré más alto todavía. Pero no contaba con que iba a entrar otro actor en escena: el hermano, un niño bastante tranquilo pero con alguna que otra idea “brillante”… Como por ejemplo, soplar el disco dust de mis transfers de los corazones y dejarlo pegado en los azulejos de la cocina:

Después de tanto sobresalto por fin consigo terminar los transfers. Ahora ya sólo me quedaba la parte más fácil que era pegarlos en las galletas. Me asaltó una duda: ¿sobre glasa seca o directamente en la capa de glasa húmeda? mmmm… Sobre la glasa húmeda, me dije, y así me ahorro tener que ir pegándolas con glasa aplicándola con un pincel como hacemos habitualmente. Por cierto, aquí podéis ver un tutorial que tenemos acerca de cómo hacer transfers. Ya me las prometía muy felices cuando de nuevo sobrevino otra tragedia: ¿y ahora qué les ha pasado a los pandas? ¡¡Se les ha corrido el color!! ¡No puede ser, no puede ser!

Sí, puede ser. No contaba con los efectos de la capilaridad. La capa lisa de la galleta estaba húmeda y el transfer, ya seco, absorbió lentamente la humedad que le llegaba desde abajo. Resultado: colores corridos y nuevo berrinche.

A repetirlos. Ya empiezo a odiar San Valentín. ¿Quién me manda a mí meterme en estos “fregaos”?. Aparto los pensamientos negativos de mi cabeza, reúno el poco ánimo que me queda y al fin los termino. Ha merecido la pena y he aprendido mucho:

Otra recompensa fue ver cómo devoraba la brujilla de mi niña uno de los “sitos”:

Un beso,

Estíbaliz

Un secreto familiar

Esta receta es facilísima de preparar. No necesitamos robot de cocina, ni harina de repostería, ni azúcar glas, ni tamizar ninguna de las dos.

La receta original, del abuelo de mi madre, utiliza unas cantidades poco ajustadas a los tiempos modernos:

-       3 Kilos de Harina

-       1 Kilo de azúcar

-       1 Litro de aceite

-       ½ Litro de zumo de Naranja

-       ½ Litro de Anís del Mono

-       6 sobres de levadura royal

La cuarta parte sale estupenda:

-       750 g. de Harina todo uso

-       250 g. de azúcar blanquilla

-       ¼ de Litro de aceite, yo utilicé Fuente de Piedra.

-       125 ml de zumo de Naranja

-       125 ml de Anís del Mono

-       1 sobre y casi otro de levadura royal

Ponemos en un cazo a calentar el aceite con la cáscara de una naranja. El aceite debe alcanzar una temperatura alta, pero tenemos que tener cuidado de que no se nos queme.

Por otro lado en un recipiente grande ponemos todos los ingredientes solidos y los mezclamos. Sobre ellos echamos el zumo de naranja y el anís. Y volvemos a mezclar. Nos queda una mezcla muy seca, como esta:

Sobre dicha mezcla vertemos el aceite muy caliente del que previamente hemos retirado la cáscara de naranja. Revolvemos con una cuchara de madera y después amasamos. El resultado tiene aspecto aceitoso, pero pensad que solo lleva 174 de litro de aceite para 750 de harina, solo parece grasienta, no lo es.

Estiramos y cortamos. Pintamos con leche y espolvoreamos con azúcar, o espolvoreamos sólo con azúcar o le ponemos piñones, lo que queramos.

Horneamos unos 15 minutos, quizá más. Y tenemos unas deliciosas tortas cardiosaludables, VEGANAS (si no las pintamos con leche) y deliciosas, mis hijas las devoran.

Nota: El aceite de Fuente de piedra es para mi gusto es perfecto para esta receta, al proporcionar un sabor único, muy natural, a hierbas con un toque frutal que combina a la perfección con el anís y la naranja.

Cómo hacer besos de chocolate bastante realistas.

¿Qué es un modelo? Una representación más o menos exacta de la realidad.  Si queremos modelizar la marca que dejan unos labios pintados con  carmín, utilizando como herramienta una galleta, y queremos cierta dosis de verosimilitud, lo primero que tenemos que hacer es estudiar la realidad a representar. Esto es,  obligar a Estíbaliz a analizar con nosotros cientos  de dibujos de marcas de labios, hasta desesperarla. (Nota de Estíbaliz: jajajajajaajajaja)

Después manos a la obra, a llenar una manga pastelera y a practicar. En las primeras pruebas, algo fallaba,  ¿la técnica? No, después volveremos a ella. Fallaba el lápiz de labios, la glasa no tiene ni una gota de grasa, jamás podrá parecer una mancha grasienta, nunca. Pero el chocolate… el chocolate sí.  Por suerte tenía un hermoso lingote de color rosa.

Ideal para combinar con el marrón chocolate, literalmente, de mis galletas.

Para delinear los labios utilice un chisme muy útil (para el chocolate y las salsas, no para la glasa):

El  mío, tengo que enseñároslo, es rosa.

Una vez que tenemos delineados los labios, extendemos hacia dentro el chocolate con un pincel y listo, no necesitamos nada más.

Para entender mejor lo que digo podéis ver la técnica explicada detalladamente por Amber Spiegel de SweetAbms aquí.

Bueno pues nada más, un par de besos. Miriam G.

Cómo hacer galletas con aire vintage en un plis plas

Hacer estas galletas es sencillísimo. La única complicación, si es que se le puede llamar así, es conseguir los transfers de chocolate. Los que hemos utilizado son de la casita dulce de las flores.

El transfer se aplica sobre chocolate fundido que al solidificarse arranca el dibujo de la lamina donde esta colocado. Mirad este video:

Pero entonces ¿cómo lo aplicamos sobre la glasa? ¿Utilizando la extorsión? Casi, casi. Lo más importante es que la glasa no sucumba a la presión. Como ya hemos explicado en función de la proporción de proteína y azúcar la glasa será más o menos resistente. Cuanto más azúcar lleve, más fácil es que al presionarla se deshaga. Una vez que sabemos que la glasa aguantará, ponemos los transfer sobra la tapa de una cacerola con agua hirviendo durante unos minutos para que tomen algo de calor, no estamos completamente seguras de que este paso sea necesario, pero suponemos que algo ayuda.

A continuación lo aplicamos sobre la galleta en plan “rasca y gana”, teniendo cuidado de que no se mueva, y ya está. Sí, nada más.